
Según se contaba en el susodicho diario para sorpresa mía, la bocamina de la mina San Luis estaba (y está) tras una puerta metálica entre discotecas y restaurantes bastante conocidos en la ciudad.
La historia de la San Luis era contada de manera muy emotiva y con gran nostalgia por el último de los mineros que trabajó allí. Ahora me vuelvo a reencontrar con ella en el diario deia.com con el título: La mina que atraviesa Bilbao.
Espero que os resulte tan interesante como lo ha sido para mi y que esta reseña sirva de homenaje para los que allí trabajaron el carbonato.
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